Otro ítem es que deberán respetar a rajatabla la forma, método y tiempos de entrenamiento especificados. Los jugadores deberán llegar por sus propios medios a los entrenamientos y evitar terminantemente compartir vestuarios, duchas, mate o elementos con otro compañero además de acatar la distancia a la hora de realizar los ejercicios.
También serán muy importantes los controles/seguimientos individuales en la vida cotidiana de cada jugador para que respeten y se cuiden con las medidas conocidas por todos (barbijo, lavado de manos). Además, está la posibilidad que se incluya dos o tres veces por semana que los clubes mediante un encargado deban tomar la fiebre a cada jugador y realizar “test caseros” de olfato y gusto (oler esencia de vainilla o probar una cucharada de vinagre por citar dos ejemplos básicos) para detectar rápidamente posibles síntomas antes de los entrenamientos.
Con este panorama en el cual parece haber un horizonte (aunque siempre dependiente del avance de la pandemia y la baja en la cantidad de casos) muy de a poco se puede empezar a pensar en la planificación de las competencias sin dejar de lado que se necesitarán entre 45 y 60 días como mínimo de entrenamiento y que, muy probablemente, las mismas sean sin público hasta casi entrado el próximo año. Los entrenamientos arrancarán a partir del 7 de septiembre.



Fuente: Ascenso del Interior
